Normativa · NOM-035-STPS-2018

NOM-035 dos años después: qué hemos aprendido sobre factores psicosociales.

La NOM-035-STPS-2018 cumple su cuarto ciclo completo de aplicación obligatoria en organizaciones mexicanas, y la fotografía que dejan dos años de consultoría es nítida: la mayoría de las empresas ya tiene papelería, pero pocas tienen política. Las guías de referencia I, II y III circulan en archivos compartidos, los cuestionarios se aplican en febrero y los reportes se archivan en marzo. Sin embargo, la pregunta sustantiva —¿qué cambió en el entorno organizacional como consecuencia del diagnóstico?— rara vez tiene respuesta documentable.

Conviene recordar el espíritu de la norma. La NOM-035 no fue concebida como un trámite anual. Es una norma de gestión del riesgo psicosocial que exige identificar factores de riesgo, analizar acontecimientos traumáticos severos, promover un entorno organizacional favorable y dar seguimiento. Cuando se reduce a la aplicación masiva de cuestionarios, la organización cumple en la forma pero se expone en el fondo: ante una inspección sustantiva, ante un litigio laboral por daño moral, y —lo más importante— ante el deterioro real de la plantilla.

En las páginas siguientes resumimos lo que hemos observado en piso durante el ejercicio de consultoría con organizaciones medianas y grandes en sectores industrial, hospitalario y de servicios.

Qué hemos visto en piso

Cuatro patrones se repiten con incomodidad en las organizaciones que llegan a SCOY pidiendo un segundo diagnóstico después de su primera aplicación:

  1. Aplicación masiva sin segmentación. El mismo cuestionario, el mismo día, para personal operativo de turno nocturno, para mandos medios administrativos y para corporativo. El resultado: un promedio aritmético que oculta las áreas críticas y diluye el riesgo donde más existe.
  2. Comités mixtos sin actas reales. El comité de seguridad e higiene "incorpora" los temas de NOM-035 en su orden del día, pero las actas se limitan a registrar la asistencia. No hay acuerdos verificables, no hay responsables nombrados, no hay plazos.
  3. Planes sin presupuesto asignado. Se redacta un programa de intervención psicosocial con buenas intenciones —talleres, pausas activas, líneas de atención— pero ningún área tiene partida presupuestal específica. En la siguiente revisión presupuestal, las acciones desaparecen.
  4. Ausencia de medición post-intervención. No se repite el instrumento, no se compara con la línea base, no se documenta la evolución. El expediente queda congelado en la primera medición.

Lo que sí funciona

En contraste, las organizaciones que han tomado la norma en serio comparten cuatro prácticas que observamos consistentemente:

  1. Integración con el examen médico periódico. Los factores psicosociales se incorporan a la vigilancia médica como una dimensión más, junto con audiometría, espirometría y exploración general. La medicina del trabajo y los recursos humanos comparten la lectura.
  2. Segmentación por área operativa. Los instrumentos se aplican estratificados por centro de trabajo, turno y nivel jerárquico. Las gráficas permiten identificar focos rojos concretos y priorizar inversión.
  3. Comités con representación obrera real y capacitación previa. Antes de que el comité sesione, los representantes reciben capacitación sobre lectura de resultados, marco normativo y alcance de los acuerdos. Las actas registran compromisos con responsable, plazo e indicador.
  4. Indicadores de seguimiento trimestral. Más allá de la aplicación anual del cuestionario, se monitorean indicadores intermedios: tasa de rotación, ausentismo por causas asociadas, uso de línea de atención psicológica, quejas y reportes internos.

Lo que viene

El horizonte regulatorio sugiere que la tolerancia hacia el cumplimiento meramente documental se está reduciendo. La STPS ha incrementado la profundidad técnica de sus inspecciones, comenzando a contrastar los reportes con evidencia de seguimiento real. La interacción de la NOM-035 con la NOM-037-STPS-2023 en materia de teletrabajo añade una capa adicional: los factores psicosociales asociados a esquemas híbridos requieren instrumentos y políticas diferenciadas.

Por otro lado, las direcciones generales han comenzado a exigir métricas verificables a sus áreas de capital humano. La pregunta "¿qué evidencia tenemos de que el ambiente organizacional mejoró?" se hace cada vez con mayor frecuencia en consejo, y rara vez admite como respuesta una carpeta de cuestionarios.

Lo que recomendamos a una dirección de capital humano

Para evaluar la madurez del programa propio, proponemos una lista breve de verificación:

  1. ¿Existe una política de prevención de riesgos psicosociales firmada por la alta dirección, comunicada y vigente?
  2. ¿Los instrumentos se aplican con segmentación por área, turno y nivel, o como un censo plano?
  3. ¿El programa de intervención tiene partida presupuestal específica y responsable nombrado?
  4. ¿Existe línea base medible y comparación con al menos una medición posterior?
  5. ¿El comité documenta acuerdos con responsable, plazo e indicador, o solo asistencia?

Si la respuesta a tres o más de estas preguntas es negativa, la organización tiene un programa de cumplimiento documental, no sustantivo. La buena noticia es que el camino para corregirlo es claro y se recorre en menos de un ciclo anual.

¿Su organización está madurando su programa NOM-035? Acompañamos diagnósticos sustantivos, no documentales.

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